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La llamada de la tribu populista por Rubén Cortés

 

CANELA FINA

La llamada de la tribu populista

por Rubén Cortés

Igualdad ante la ley e igualdad de oportunidades no pueden significar igualdad en ingresos ni igualdad en la renta. En truncar esa realidad, ya fracasó en el bloque soviético, Cuba, Venezuela.

“Esto sólo se puede obtener en una sociedad mediante un gobierno autoritario que ‘iguale’ económicamente a todos los ciudadanos mediante un sistema opresivo, haciendo tabla rasa de las distintas capacidades individuales, imaginación, inventiva, concentración, diligencia, ambición, espíritu de trabajo, liderazgo. Esto equivale a la desaparición del individuo, a su inmersión en la tribu”: es algo que plantea Mario Vargas Llosa en su más reciente libro, La llamada de la tribu (Alfaguara).

Y es la idea de AMLO que seduce a los perezosos en un país con mínimo desempleo (3.44 por ciento, la más baja tasa de la historia), tres millones de nuevos puestos de trabajo en tres años y una media de salario de 15 mil pesos en los afiliados al IMSS.

AMLO dedicaría 99 mil 360 millones de pesos anuales (el doble del presupuesto de la UNAM) para regalárselos a dos millones 300 mil jóvenes que ni estudian ni trabajan, a quienes prevé concentrar en salones para impartirles “talleres”.

A estos “talleres”, el chavismo los denomina “Plan Barrio Adentro”, donde agrupa a miles de jóvenes que se embrutecen sin hacer nada, pero reciben un salario por “capacitarse”. Se la pasan viendo TV, en espera de ser llamados para salir a las calles a defender al gobierno.

En las dádivas de AMLO (tres mil 600 pesos mensuales a cada “nini”) entran los 130 mil jóvenes que cada año no pueden entrar, por ejemplo, a la UNAM, porque son superados por otros en las pruebas de ingreso.

En La llamada de la tribu, Vargas Llosa explica:

“Sería estúpido ignorar que entre los individuos hay inteligentes y tontos, diligentes o haraganes, inventivos o rutinarios y lerdos, estudiosos y perezosos. Sería injusto que en nombre de la ‘igualdad’ todos recibieran el mismo salario pese a sus distintas aptitudes y méritos. Las sociedades que lo han intentado han aplastado la iniciativa individual, desapareciendo en la práctica a los individuos en una masa anodina a la que la falta de competencia desmoviliza y ahoga su creatividad”.

No lo ignora siquiera el cantante castrista uruguayo Daniel Viglietti en su himno “A desalambrar”:

“Yo pregunto si en la tierra/ Nunca habrá pensado usted/ Que si las manos son nuestras/ Es nuestro lo que nos den”.

A esas víctimas de las dádivas de los gobiernos populistas es a lo que Vargas Llosa llama “la tribu”, que es esa masa enfeudada a un caudillo, sumisa a los dictados de quien la mantiene, de un líder que es una especie de santón religioso de palabra sagrada e irrefutable.

Pues, bueno… eso es lo que viene.

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